La intolerancia al silencio: por qué cada vez nos cuesta más desconectar

Hay momentos en los que hacemos una pausa y, casi sin darnos cuenta, buscamos automáticamente algo que nos distraiga. Miramos el móvil, ponemos música, una serie de fondo o abrimos varias aplicaciones a la vez sin tener realmente una intención clara. A veces cuesta incluso esperar unos minutos en silencio sin sentir cierta incomodidad.

Vivimos rodeadas de estímulos constantes y tan acostumbradas a ellos que parar puede hacerse raro. Durante mucho tiempo el aburrimiento se ha entendido como algo negativo, algo que hay que evitar cuanto antes. Sin embargo, cada vez hablamos más de cómo esta necesidad continua de distracción también puede terminar afectando a nuestra atención, a nuestra forma de descansar e incluso a cómo nos sentimos emocionalmente.

Durante el mes de Concientización sobre la Salud Mental, queremos pararnos un momento para pensar y reflexionar sobre cómo nos hemos acostumbrado a vivir con una sobreestimulación constante, ignorando nuestras propias necesidades de parar y encontrar en el silencio la calma que necesitamos.

silencio sobreestimulación Integria Psicologia Blog

La dificultad de estar sin hacer nada

Hace años era mucho más habitual tener momentos vacíos: esperar sin mirar una pantalla, aburrirse durante un rato o simplemente quedarse pensando. Ahora casi cualquier pausa se llena automáticamente.

Y esto no ocurre porque sí. Las redes sociales, los vídeos cortos, las notificaciones están diseñados para captar nuestra atención constantemente. El cerebro se acostumbra a recibir estímulos rápidos y variados todo el tiempo, y cuando no los tiene puede aparecer sensación de inquietud o necesidad de hacer «algo».

Por eso muchas veces no cuesta tanto hacer cosas como estar quietas sin estímulos.

Para muchas mujeres, además, la presión de «estar siempre productivas» se suma a esta necesidad de estímulos: si no estamos haciendo algo, ¿estamos desaprovechando el tiempo? Si no estamos conectadas, ¿nos perderemos algo importante? Es una culpa invisible que mantiene la activación constante.

Qué pasa en nuestro cerebro con tantos estímulos

Cuando recibimos información nueva continuamente, el cerebro activa circuitos relacionados con la recompensa y la atención. Por eso muchas aplicaciones o redes sociales resultan tan difíciles de soltar.

El problema no es utilizar el móvil o distraernos de vez en cuando. El problema aparece cuando prácticamente no dejamos espacio para el silencio, la pausa o el aburrimiento. A largo plazo, esta hiperestimulación puede afectar a nuestra capacidad de concentración, de sostener la atención en tareas largas o incluso de disfrutar de actividades más tranquilas. Todo empieza a sentirse lento si estamos acostumbradas a estímulos rápidos todo el tiempo.

El aburrimiento no siempre es algo malo

Aunque solemos evitarlo, aburrirse también tiene una función importante. Muchas veces es precisamente en esos momentos de pausa cuando aparecen ideas, creatividad o espacio mental para conectar con lo que necesitamos.

Sin embargo, cuando llenamos constantemente cualquier silencio, dejamos poco margen para eso. A veces incluso notamos cierta incomodidad cuando no tenemos nada que hacer. Como si parar unos minutos generara nerviosismo o culpa. Y esto puede hacer que acabemos viviendo en un estado de estimulación continua sin darnos cuenta.

Para personas que han experimentado situaciones de estrés o trauma, este estado de activación constante puede mantener el sistema nervioso en una especie de alerta permanente.

La sensación de tener la cabeza siempre ocupada

Muchas personas describen algo parecido: terminar el día agotadas mentalmente aunque no hayan parado realmente a pensar en cómo se sienten. Y tiene sentido. Cambiar constantemente de estímulo también cansa.

Pasar de una pantalla a otra, contestar mensajes mientras vemos contenido o hacer varias cosas a la vez mantiene la mente en una especie de activación constante. Por eso a veces cuesta tanto desconectar incluso cuando, en teoría, tenemos tiempo libre.

Recuperar espacios de pausa también se aprende

No se trata de eliminar las pantallas ni de vivir desconectadas de todo. La idea es más bien preguntarnos cuánto espacio dejamos para momentos sin tanta estimulación.

A veces ayuda hacer solo una cosa a la vez, dejar algunos ratos del día sin contenido constante o recuperar actividades más lentas que no estén pensadas para producir o distraernos rápidamente.

También puede ser útil tolerar pequeños momentos de silencio sin intentar llenarlos enseguida. Al principio puede resultar extraño, porque estamos muy acostumbradas al ruido y a la inmediatez, pero poco a poco el cerebro también vuelve a adaptarse a otros ritmos.

No siempre necesitamos más estímulos

Vivimos en una época en la que parece que siempre tenemos que estar entretenidas, informadas o haciendo algo. Pero no todos los espacios vacíos necesitan llenarse.

A veces el problema no es que nos falten cosas, sino que llevamos demasiado tiempo sin tener pausas reales. Y quizá aprender a convivir un poco más con el silencio, el aburrimiento o la calma también sea una forma de cuidar nuestra salud mental.

En Integria Psicología acompañamos a muchas personas que sienten esta dificultad para parar, para estar con ellas mismas o para tolerar momentos sin estimulación. 

Si sientes que estás atrapada en este ciclo de sobreestimulación, que la ansiedad aparece cuando intentas parar o que no consigues desconectar, nuestro equipo está aquí para ayudarte a recuperar esos espacios de calma que tu mente y tu cuerpo necesitan.

Sara Rozadillas

Psicóloga colaboradora del blog Integria Psicología.